En el primer trimestre de 2026, JLL encuestó a 150 líderes de real estate corporativo en Argentina, Brasil, Colombia y México. El 47% dijo que la transformación de sus equipos por IA era su prioridad estratégica número uno. Es el porcentaje más alto entre todas las regiones analizadas en el mundo.
Y aun así, LATAM registró el nivel de preparación más bajo entre los ocho escenarios evaluados por el mismo estudio.
Esa paradoja no es un error de encuesta. Explica dónde está la oportunidad de negocio real para el proptech de la región en los próximos dos años.
El mercado que más quiere IA y menos puede ejecutarla
Los datos de la Encuesta Futuro del Trabajo 2026 de JLL son concretos: el 47% de los líderes de real estate corporativo en LATAM ubica la transformación por IA como su prioridad número uno, por encima del resultado análogo en Europa, Norteamérica y Asia-Pacífico (según la Encuesta Futuro del Trabajo LATAM de JLL, 2026). A eso se suma que el 65% prioriza el posicionamiento estratégico de largo plazo en real estate, y el 64% planea inversión transformacional en sus espacios.
Son señales de un mercado que quiere moverse.
El problema es la otra cara del dato: LATAM también tiene el nivel de preparación más bajo entre todos los escenarios analizados. Dos barreras explican la mayor parte de la brecha. El 35% de los encuestados cita la complejidad regulatoria y de cumplimiento como su principal obstáculo. Lo que cumple en Colombia no necesariamente es válido en México, y lo que funciona en Panamá puede requerir adaptación completa en Argentina. El 33% apunta a la escasez de talento técnico especializado. Los perfiles de machine learning, ingeniería de datos y arquitecturas de IA aplicadas al real estate se concentran en São Paulo, Ciudad de México y Bogotá. El resto de los mercados opera con acceso limitado y costo elevado.
El resultado: ambición regional, ejecución local muy despareja.
Lo que los datos globales revelan del problema
A nivel global, el 92% de los ocupantes corporativos corre proyectos piloto de IA en real estate. El 88% de los inversores, propietarios y arrendadores ya inició algún piloto. El 87% reporta que su presupuesto tecnológico creció por la IA (según JLL Research, 2025).
Pero solo el 5% de los ocupantes dice haber alcanzado todos sus objetivos con IA.
Cinco por ciento. Con el 92% que ya arrancó.
El 60% o más de los inversores reconoce que sigue sin preparación estratégica, organizacional ni técnica. El patrón que explica ese resultado es la dispersión: las organizaciones ejecutan en promedio cinco casos de uso de IA al mismo tiempo, lo que divide recursos y ralentiza el aprendizaje. JLL identificó 56 casos de uso posibles a lo largo de la cadena de valor del real estate corporativo. Pilotear cinco a la vez, sin prioridad clara, produce resultados difusos y presupuestos agotados.
LATAM amplifica el patrón con las dos barreras estructurales ya mencionadas. El resultado práctico: los proyectos piloto se inician, no se cierran, y el aprendizaje no se convierte en proceso productivo. La organización aprende muy poco de cada experimento porque los experimentos son demasiados y demasiado cortos.
Un riesgo específico que pocas agencias están leyendo
Hay un dato de la encuesta de JLL que merece atención separada. El 49% de los líderes de real estate corporativo en LATAM declara que la incertidumbre sobre el impacto de la IA en sus necesidades de espacio es un riesgo para su portafolio. En el resto del mundo, ese porcentaje baja al 40%.
La pregunta que subyace al dato es práctica: si la IA reduce la cantidad de personas necesarias para ejecutar operaciones, ¿cuántos metros cuadrados de oficina voy a necesitar en 2028? No saben la respuesta. Y no saber esa respuesta cambia cómo se firman contratos hoy. Se prefieren plazos más cortos, más opciones de salida, más flexibilidad estructural.
Para las agencias que sirven al mercado corporativo, ese cambio de comportamiento ya está ocurriendo. Los mandatos de oficina en la región se están acortando en plazo promedio, y el interlocutor corporativo pide análisis de escenarios antes de comprometerse con un espacio. Las agencias que pueden proveer ese análisis, con datos de ocupación y modelos de proyección, se convierten en un interlocutor diferente en la negociación: no intermediarios de metros cuadrados sino asesores de decisión.
Dónde está el movimiento real en la región
El mercado inmobiliario de LATAM superará los 1,1 billones de dólares en 2026 (según el PropTech Latam Summit 2026, celebrado en Ciudad de México en junio). Con ese tamaño de mercado, la brecha entre ambición y ejecución no es una curiosidad de informe. Es una oportunidad de negocio considerable para quienes puedan construir la infraestructura que aún falta.
El evento identificó cinco ejes de transformación para la región: la valorización estratégica del dato por metro cuadrado, los esquemas operativos flexibles, la digitalización de la construcción, la inversión con enfoque tecnológico, y la aplicación funcional de la IA. El primero es el más ignorado y el que más bloquea a los demás: sin datos de calidad y estructura, los modelos de IA no aprenden nada útil, y el piloto nunca sale del piloto.
En la práctica, las empresas de la región que ya cruzaron la barrera de ejecución comparten un patrón: invirtieron en la capa de datos antes de invertir en IA. Construyeron procesos que generan información estructurada de cada transacción, cada visita, cada contrato. Después los modelos tuvieron algo con qué aprender.
Las herramientas de digitalización en construcción ya muestran resultados concretos: 18% de reducción en tiempos de obra y 23% menos reprocesos (según PropTech Latam Connection, 2026). No son proyectos piloto. Son procesos integrados y medidos.
Qué hacer con esto
La paradoja LATAM en IA no se resuelve sola. Pero da señales claras sobre dónde está el espacio para actuar.
Para quienes operan en proptech, el mercado está subinvertido en infraestructura de datos y sobreinvertido en modelos de IA que no tienen nada que procesar. Eso invierte la prioridad: primero los sistemas de captura y estructuración de datos, después las aplicaciones de IA que los consuman. El orden importa más que la tecnología elegida.
Para las agencias que sirven a clientes corporativos, el 49% que ve la IA como riesgo de portafolio es más una señal de negocio que una alarma. Los clientes que no saben cuánto espacio van a necesitar en tres años requieren un tipo diferente de asesoramiento: análisis de escenarios y contratos con flexibilidad incorporada. Las agencias que entienden ese lenguaje se convierten en interlocutores estratégicos.
La ventana para posicionarse en ese rol existe ahora, mientras el 60% de los inversores aún se reconoce sin preparación. Cuando ese número baje, el espacio para diferenciarse también baja. El momento no es el que está por venir. Es este.